domingo, julio 17, 2011

Vuelo nocturno sobre los puentes


Rafael Guevara


Despertando en un campo de tabaco
se encumbró sobre vegetaciones y pilares
las luces y los trenes levantaban el polvo
brillante y sus alas abiertas al cielo.

Se deslizó entre las torres y los puentes
bajó por las montañas de hielo
cruzando las brumas y los riscos.

En la altura observaba el silencio
silenciosa  la urbe amordazada
liberando a sus criaturas mas inocentes
rostros quebrados por las aguas y los vientos
ojos extirpados por el llanto.

Capturando el escaso aire de los parques
retozando en las hierbas ácidas de las plazas
negros partos en cada esquina
y los ángeles impotentes mirando desde los arboles
a los niños perdidos en el tiempo

Mascando hogazas, el carbón mojado y la sal
calentando las piernas solo con pan
las hojas de los cuchillos cortan las caras
robándole el aliento a las inmundicias
la sonrisa a los famélicos del viento

Voló por los rincones de las estaciones
abandonado por los pensamientos y las ensoñaciones
pervertido por el llanto, mascaba su lengua
ahogados los gritos en la penumbra del pecho
atado a los puños de dureza impotente

Al descender observaba a los ancianos
partiendo sus manos llenas de guijarros
pedazos de greda de su tierra natal

Quebradas sus pieles por el cansancio
labios partidos de hambre y de vino

Frío que no alcanza las alturas
capturando la bruma de las superficies.

Al final, alcanzó el filo del océano
celoso de relámpagos, enemigo de la arena
revoltoso engullía marineros y pescadores
envidioso de la pena de las viudas, insaciable
atrapando embarcaciones y penas de ingenuos amores.

Asustado por controlar el vuelo insoportable
buscando los campos de tabaco floreciente.

Ausentes las hojas, transados los niños
multitudes de ancianos abandonados y muertos
paralizadas sus alas metálicas, intentó huir
pero lo perseguían cuchillos incansables
cortaron su plumaje y sus alas.

Cayó sobre la hierba y sobre el llanto
perdido entre las plazas y el bosque
no divisaba ni las dunas ni el océano
cubierto por el cabellos de los abandonados
recobró el calor y la seguridad
como cuando se tiene compañía

En el medio de un campo de tabaco
el testigo de la noche de siempre
encontrado con los ojos abiertos
dibujado en sus pupilas el espanto
de lo que hemos renunciado a ver.


HRBG       25081991

1 comentario:

Tuti dijo...

He paseado hoy por tu blog, encuentro una voz que quiere darle alas a la vida y lo que rodea.

Ha sido un placer degustar emociones y sentidos en ciertas frases que se quedan.

Un gran abrazo,

Anna Francisca