martes, febrero 01, 2011

Irresistible

Rafael Guevara
(Versos del Diluvio 1997)


Cada niño que se muere
es como si me quedara sin aire
por una vez me han dicho
que la pena pasará
y sin embargo la angustia
no me deja un segundo en paz

He esperado durante veinte años
encontrar el pilar torcido
la causa de los males escondidos

Y la lluvia cargada de purulencia
sigue matando a las criaturas del señor
si también tuviera miedo de dios
me volvería loco como la lluvia

Líbrame señor de la pena eterna
de la rabia contenida ante tanto abuso
no permitas que vea a los pequeños limosneros
no me dejes sentir tu hambre
por las calles congeladas

Esconde el dolor de mis hijas
me aterra el sufrimiento de los niños
le temo a las multitudes sonriendo
porque terminan haciendo llorar

Aunque los clérigos y los soldados
se dediquen a quemar libros
o a destruir las poesías desconocidas
las sabanas blancas seguirán cayendo
entre tus piernas húmedas

Sobre las copas de los árboles
los pajarillos le cantan a los niños
para adornar los sueños de inocencia
y la trova que se quiebra.

Cuando le hacen homenajes a los poetas
han olvidado a los que fueron incinerados
perseguidos por brujería
por herejías de viejos ignorantes
inventadas para perseguir a los demonios
disfrazados de inquisición

Los calabozos están llenos de ideas nuevas
irreverencias del pensamiento
que reventaron en todas las épocas
irresistibles anomalías de la imaginación
irreverencia de los estómagos vacíos
Que sienten el dolor de los pies sangrantes
también quieren el descanso desconocido
las manitas heridas que lloran por un beso
los pechos ahogados de impotencia
los gritos de rebeldía inteligente
porque somos la misma sangre
la misma carne nos une a todos.

Dame tu mano niña ausente
que no te quiero perder
déjame abrigar tu frío
extraño besar tus ojos mojados

Padre de todas las criaturas amables
perdona mis horas de omisión
cuando me llegue el día acógeme
con mis temores a la locura
los que jamás pude entender

Siempre sentí que debía renunciar a todo
para llegar hasta ti
que debía acoger todo el dolor del mundo
porque esa era mi culpa
que los llantos de los niños
era yo el que los ocasionaba
que el hambre de los pobres
era mi propia saciedad
que la pena eterna era mi fugaz alegría
porque todo tenía que ser así.

¿Cual era la columna vertebral de mi propio pecado?
¿Cuál era el rostro del verdadero demonio?
¿Cómo podía arrojarlo fuera de mi?

Porque los pajarillos seguían cantando
y las hojas cada otoño volvían a caer
mi abuela murió, mis padres también se fueron
y el sol reía burlón como si todo estuviera igual
Sobreviví las penas de amor
pero cuando perdí a mis hijas, perdí mis ojos
y la luna estaba allí tranquila sonriente
hasta pensé que sentía la misma pena que yo
pero era naturaleza indolente
ignorante de la vida
culpable por lógica implacable
solo comprensible por ecuaciones de hielo seco.

Que la pena pasará señor
si me sacas los clavos de las manos
déjame recoger a los niños de la noche
y deja que mi costado sangre
para que nunca se me olvide
que tus hijos vagan por las calles.


RGHBG     02101997.

3 comentarios:

Hombre_araucaria dijo...

que potente..,
el desapego es el examen final de todas teorías de este plano.
lo importante es que en este viaje, por lo menos se puede hacer consciente.

saludos llegue a su blog por nueva poesía chilena.
:)

José Tomás Aysén dijo...

Irresistiblemente reflexivo. Que manera de escribir...
Tu poesía se hace verbo en la conciencia del lector

veronica_aear dijo...

intenso...